miércoles, 28 de enero de 2009

Los pilares de Deepak Chopra

Medicina ayurveda y misticismo fundamentan las ideas –y el imperio– de este gurú de la “Nueva Era”

 

Sami Rozenbaum

  

            Generaciones van y vienen, ideologías nacen, degeneran y se derrumban, pero el extraño animal que domina este planeta se hace siempre las mismas dolorosas preguntas: ¿Desapareceré del todo al morir? ¿Tiene algún sentido el Universo? ¿Para qué todo esto?

            Cada época da sus propias respuestas: según los antiguos el asunto se reducía a dioses y demonios, mientras para la Europa medieval todo estaba escrito en un gran manuscrito iluminado que sólo Dios podía leer. En la sociedad occidental de principios del siglo XXI, individualista y hedonista, las respuestas parecen hallarse en lo que muchos han llamado el “supermercado de las creencias”. Y sus pasillos rebosan cada vez más de mercancía lista para llevar.

            Deepak Chopra es quizá el más destacado adalid de este emporio de la fe “posmoderna”, pues su mensaje está dirigido, sobre todo, a los clientes más opulentos. Pero de ningún modo es el único, y con seguridad no será el último.

 

“MEDICINA AYURVEDA”

            Deepak Chopra nació en la India en 1947, y se graduó de médico en 1968. Poco después emigró a los Estados Unidos, donde realizó una exitosa carrera que lo llevó a ocupar un cargo directivo en el New England Memorial Hospital.

Sin embargo, según narra su biografía oficial, se sentía incómodo con su posición. En 1981 conoció al “prominente médico ayurveda” Brihaspati Dev Triguna, lo que constituyó una “experiencia pivotal” en su vida. Posteriormente se incorporó al movimiento religioso de la Meditación Trascendental, liderado por el Maharishi Mahesh Yogi, famoso desde los años ‘60 gracias a los Beatles.

Así, Chopra incursionó en la “medicina ayurveda”, presuntamente una disciplina milenaria hindú revivida por el Maharishi gracias a su interpretación de antiguos textos sánscritos. Esta medicina habría otorgado a la antigua civilización védica “una perfecta salud”.

El único detalle es que la “medicina ayurveda” no es tan vieja, pues se trata de una marca registrada por el propio Maharishi, quien la creó a mediados de los años ’80; la mayoría de sus “terapias” no figura en ningún texto antiguo. Esta “medicina” afirma que las funciones vitales están determinadas por tres principios metafísicos o doshasvatapitta y kapha, que funcionarían de forma parecida a los signos astrológicos, determinando las características de cada individuo; los doshas pueden ser conocidos tomándole el pulso a la persona, o haciéndole responder a un cuestionario. Sin embargo, el dosha puede cambiar de hora a hora (y de cuestionario a cuestionario). Los doshas deben ser “pacificados”, para lo cual se indican diversos “tratamientos”.

Pero lo más importante es tener “pensamientos positivos”. Según Chopra, cada pensamiento genera una molécula en el cuerpo; así, los pensamientos positivos generan moléculas positivas. Si se siguen las indicaciones de la “medicina ayurveda” no sólo se logrará una perfecta salud y detener el envejecimiento, sino que el crimen, las guerras y aun los accidentes serán cosa del pasado. Sus practicantes incluso aseguran poder levitar y atravesar las paredes.

Algunas de las indicaciones de Chopra son bastante llamativas, como su remedio para prevenir y curar las cataratas: cepillarse los dientes y la lengua, escupir en un vaso, y lavarse los ojos con este líquido durante varios minutos.

En 1991 Chopra, junto con Hari Sharma y Dev Triguna, logró publicar un artículo sobre “medicina ayurveda” en la prestigiosa Journal of the American Medical Asociation (JAMA). Entre otras cosas, insistía en que tomar el pulso era suficiente para diagnosticar numerosas dolencias graves (en otros momentos, Chopra ha afirmado que los antibióticos y demás drogas modernas “no funcionan”).

Ante las cartas de protesta de numerosos médicos, la revista se retractó en su siguiente número. Una investigación comprobó que la evidencia suministrada era dudosa (Chopra siempre se ha negado a la realización de experimentos “doble ciego”, base fundamental de la ciencia, pues afirma que los estudios científicos son innecesarios). Además, los autores habían violado los estatutos de la publicación al ocultar sus intereses económicos en las ideas que promovían. La polémica duró largo tiempo.

Seis años después, Chopra fue demandado por el profesor Robert Sapolsky de la Universidad de Stanford, quien demostró que en el libroAgeless Body, Timeless Mind (“Cuerpo sin edad, mente sin tiempo”) se habían plagiado varias partes de su obra Behavioral Endocrinology. Posteriormente se llegó a un acuerdo fuera de tribunales, a favor de Sapolsky.

 

MÍSTICA CUÁNTICA

            Desde hace algunos años, un extraño fenómeno puede observarse en muchas librerías a lo largo y ancho del mundo: gente sin formación científica, con frecuencia de edad avanzada y amas de casa, solicitan libros sobre física cuántica.

            Son personas que buscan satisfacción a un deseo espiritual: una señal concreta de que somos eternos y enormemente poderosos. Chopra, Fritjof Capra y otros gurúes de la Nueva Era han encontrado en la física cuántica una inesperada palanca con la cual “responder” a estas inquietudes. ¿Cómo es esto posible?

            La cuántica, una de las ramas de vanguardia en la física teórica, tiene entre sus cimientos el principio de incertidumbre, enunciado por Werner Heisenberg. Según este, no se pueden medir a la vez todos los parámetros de una partícula subatómica (la carga, masa y spin de un electrón, por ejemplo), ya que la propia observación modificará al menos uno de ellos. De este modo, el Universo a escala subatómica sería fundamentalmente incognoscible e impredecible.

Los místicos de la “Nueva Era” agregan que el comportamiento de las partículas está sujeto a la conciencia humana: con el sólo hecho de desearlo, se puede modificar este comportamiento. ¡Eureka! El Cosmos tiene sentido, y este depende de nosotros. En otras palabras hemos vuelto al centro de la Creación, de donde nos sacaron Copérnico y Galileo. Este “albedrío subatómico” sería el fundamento de los así llamados poderes síquicos, y la llave para explicar supuestos fenómenos paranormales como los fantasmas, la telequinesis, la telepatía o la precognición (cuya existencia nunca ha podido ser demostrada, a pesar de más de un siglo de investigaciones).

Pero recuperemos la sobriedad. Aunque el principio de incertidumbre está presente en el universo subatómico, cuando pasamos a la escala macroscópica el comportamiento de la materia se puede predecir con mucha precisión; de lo contrario, la ciencia y la tecnología serían imposibles. A pesar de ello, Chopra y los demás promotores de la mística cuántica afirman que la conciencia humana permea y controla el Universo entero, y que esto apoya sus afirmaciones de que el “pensamiento positivo” es capaz de crear y suprimir enfermedades.

 

UN IMPERIO MUY DE ESTE MUNDO

Deepak Chopra ha adaptado la “medicina ayurveda” y la mística cuántica a la mercadotecnia contemporánea con un éxito resonante. Las terapias se basan en productos herbarios, que según sus etiquetas tienen “vibraciones” específicas que contrarrestan la vibración cuántica del cuerpo. Algunas presumen de estimular la glándula pineal, cuyos beneficios “aún son desconocidos para Occidente”.

A través de catálogos, páginas web y varios centros de su movimiento se venden cristales “terapéuticos” –a precios que pueden llegar a miles de dólares–, CDs de “música védica”, videos, té, aceites y por, supuesto, seminarios. Entre sus numerosos libros el más emblemático es el ya citado Ageless Body, Timeless Mind, que es también la marca de muchos de sus productos. Chopra posee su peopia editorial, Quantum Publications.

Además, desde 1993 es director ejecutivo del “Instituto Sharp para el Potencial Humano y la Medicina Cuerpo-Mente” en San Diego, California, así como de un centro de tratamiento donde los “programas de purificación”, que duran una semana, tienen un costo de hasta 3.200 dólares. Sin embargo, desde hace algún tiempo dejó de ejercer la medicina, cuando se reveló que carecía de licencia para hacerlo en el estado de California.

En el “Centro de Salud Maharishi Ayurveda Para el Manejo del Estrés” en Lancaster, Massachusetts, otra institución de Chopra, los pacientes con enfermedades graves pagan con frecuencia cientos o miles de dólares por consultas astrológicas, y se les recetan yagyas, ceremonias religiosas destinadas a solicitar ayuda a las deidades hindúes. Estas ceremonias también requieren fuertes desembolsos, pero los pacientes no pueden presenciar su realización.

En 1994, la revista Forbes se refirió a Deepak Chopra como “el último, hasta ahora, de una serie de gurús que han prosperado combinando ciencia pop, sicología pop e hinduísmo pop”. Aparentemente, tal definición continúa siendo válida.

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