miércoles, 21 de enero de 2009

...Sobre las Hadas...





Si cerráis los ojos y os mantenéis en silencio quizás escuchéis una tenue risa o un ligero rumor de pasos. Pueden ser las hadas que preparen alguna de sus travesuras. Porque las hadas son unos pequeños seres de apariencia femenina, ligeras y etéreas, de aspecto traslúcido y rodeadas por un halo luminoso, divertidas, traviesas y presumidas. Se dice que pueden adoptar cualquier aspecto y son capaces de cambiar de forma para trasformarse en flores o animales. Les gusta vestir ropas ligeras y vaporosas de color blanco o verde y adornar sus largas cabelleras con flores, tienen las orejas pequeñas y puntiagudas y dos pares de alas en la espalda, aunque son capaces de volar con el pensamiento sin necesidad de utilizarlas.
Las hadas son invisibles a menos que ellas quieran mostrarse. Las leyendas cuentan que solamente los niños y aquellas personas puras de corazón son capaces de verlas, aunque también se dice que quizás podáis verlas si sois nacidos en domingo. Para ganar su favor y que bendigan nuestro hogar, la mejor manera es atraerlas a nuestra casa dejándoles al anochecer en el alféizar de la ventana sus golosinas favoritas: cebada, jengibre y un cuenco de leche.Si queréis verlas, será mucho más fácil en zonas rurales, en las inmediaciones de bosques y arroyos, especialmente si cerca hay sauces, robles o avellanos. Aman y protegen la naturaleza y no les gustan las ciudades, pero eso no quiere decir que en ellas no podamos encontrarlas. Las hadas de los hogares suelen gastar pequeñas travesuras (pequeños objetos que desaparecen y aparecen de nuevo en sitios insospechados, pellizcos y tirones de pelo mientras dormimos, pequeños saqueos de la nevera…), pero también son bondadosas y colaboran en las tareas del hogar cuando se necesita su ayuda. Se dice que quien no alberga maldad en su corazón puede viajar a su reino trenzando un ramillete de prímula y tocando con él una “roca de las hadas”, que se abrirá para dar paso a este mundo idílico.

Las hadas disfrutan de su tiempo libre peinando sus largas cabelleras, cantando y bailando alrededor de círculos mágicos, pero no por ello debe creerse que son perezosas o que pasan las horas ociosas y sin hacer otra cosa más que pensar en ellas mismas. Al contrario, las hadas ayudan a los humanos en muchas ocasiones, en labores del hogar, tareas del campo, en orientar a viajeros perdidos en los bosques o ayudar a las mujeres que dan a luz.

Hay que reconocer que gustan de gastar bromas, a veces algo pesadas. No es que sean malvadas, pero sí traviesas y burlonas, especialmente con aquellos que consideran que merecen un escarmiento, por ejemplo si no se ha respetado la naturaleza. No soportan la mezquindad y el egoísmo, para ellas la mejor de las virtudes es la generosidad. Aunque no todo son bromas o jugarretas, en la edad media se acusaba a las hadas de secuestrar niños recién nacidos para cambiarlos por sus propios hijos, mucho más enclenques y lánguidos. De ahí que en la edad media todo niño pálido y debilucho era considerado un descendiente de hada. En ocasiones las hadas se enamoran de humanos, y cuando ese amor es correspondido el hada enamorada recibe un alma mortal, porque en realidad las hadas no tienen alma, eso les permite mantener un espíritu colectivo en lugar de individual. Un año en la vida de un hada equivale a 300 años humanos, de ahí la creencia de que son inmortales. Lo que sí es conocido es que cada vez que alguien dice que no cree en ellas, un hada desaparece…

Coros de hadas


Como todos sabéis, las hadas adoran la música y el baile, son bien conocidas sus danzas en torno a círculos mágicos que reciben el nombre de "coros de hadas". Estos círculos suelen realizarse en noches propicias, como las noches en las que se producen los cambios de estación, la más conocida es la noche de San Juan, la noche más corta del año. Los lugares elegidos para el baile suelen estar delimitados por círculos formados por setas u hongos, y las hadas, asidas de las manos, bailan en torno a ellos felices y despreocupadas, al son de una música alegre que invita a la danza. De lejos probablemente veamos unas tenues lucecitas en movimiento y el rumor de una música que se confunde con el viento. Ojo si decidís acercaros: es muy peligroso acercarse a un corro de hadas sin permiso, ya que la música atrae irresistiblemente a los seres humanos: primero empiezan a seguir el compás con los pies, después a silbar la melodía y mover las manos al son que pueden caer en la tentación de unirse al corro y quedar atrapado en él por un tiempo indeterminado, que algunos autores cifran en siete años, danzando y danzando sin parar hasta morir exhausto. Si es que las hadas se toman muy mal que los humanos las espíen mientras bailan, y pueden ser muy vengativas si quieren. De todas formas, hay varios trucos para poder verlas en plena danza sin correr ningún peligro: en primer lugar debéis llevar algo de hierro con vosotros, por ejemplo, un clavo o una herradura, os protegerá del influjo de la música. Nunca debéis ir solos, siempre debéis ir al menos dos personas. Si una de ellas no puede resistir el irrefrenable impulso de seguir los compases de la música y entrar en el corro, la otra debe sujetarla por un brazo manteniendo siempre uno de los dos pies fuera del círculo, sólo de esta manera logrará sacarlo de allí. Y si las cosas se ponen feas, dicen que si se arroja un guante del revés en el medio, la danza termina de forma fulminante y las hadas (y el peligro de su venganza)desaparecen...

Hadas siniestras y malvadas

No es fácil encontrarlas, porque las hadas aunque pueden ser traviesas o rencorosas o incluso vengativas si se les hace daño, no son perversas por naturaleza. Hay algunas excepciones, os cuento las que yo sé:


Las hadas Gwyllion son hadas que viven en las montañas del país de Gales, en zonas montañosas rodeadas por serpenteantes y angostos caminos por los que es fácil extraviarse. No son bellas ni dulces ni visten con brillantes colores, sino que son cenicientas y oscuras, gustan de sentarse entre las peñas y las rocas y extraviar y asustar a los viajeros con alaridos y haciendo ulular el viento entre las hojas. Aunque es mejor no toparnos con ellas, se dice que si las tratamos con respeto no nos pasará nada. Si las cosas se tuercen, tienen fobia a los objetos metálicos punzantes, como puñales o cuchillos, el simple brillo de una hoja de cuchillo bastaría para ahuyentarlas.

Las Sluagh son verdaderos espectros, son hadas con alma, el alma de aquellos muertos que no fueron aceptados ni en el cielo ni en el infierno, y están condenados a vagar agrupados, volando siempre hacia el este, intentando entrar en los hogares de aquellos que están a punto de fallecer para intentar secuestrar su alma.

La Dama Verde: son hadas que adoptan la forma de la hiedra y se camuflan de esta forma en casas y castillos abandonados, agazapada para capturar a aquellos que se aventuren a acercarse a ellas.

Las hadas Leanan son bellísimas criaturas que se alimentan de sangre humana.



Los zapatos de las hadas

Aunque las hadas cantan y bailan continuamente y son coquetas y presumidas, hay cuatro días al año especialmente importantes para ellas, que son los días de cambio de estación. Esos cuatro días del año, las hadas se ponen sus mejores galas para acudir a los círculos de baile, son noches mágicas que hay que aprovechar! Dentro de un traje de gala de un hada, a parte de las flores, las telas trasparentes y brillantes, y una melena elegantemente cepillada durante horas, tienen una especial importancia ¡¡¡LOS ZAPATOS!!!, deben ser ligeros como el aire pero al mismo tiempo tan resistente como para ser capaces de aguantar un corro de baile en toda regla. así que las hadas confían la fabricación de su calzado al experto "zapatero" del bosque, el Leprechaun. Se trata de un hombrecillo regordete, elegantemente vestido con un una levita oscura y un sombrero de copa, y casi siempre con anteojos (el trabajo de zapatero de hadas requiere una gran agudeza). Apenas sale de su casa del bosque, pero si tiene que hacerlo, siempre se lleva un pequeño taburete con él, para ponerse a trabajar allá donde vaya si encuentra un rato libre.


En recompensa a su trabajo, las hadas le recompensan con una moneda de oro, que el Leprechaun guarda celosamente en una olla que entierra en alguna colina cercana. Dice la leyenda que para obligar a un Leprechaun a revelar dónde guarda su tesoro es... ... haciéndole cosquillas


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