viernes, 2 de julio de 2010

La manija del tiempo "... cada segundo como el último"



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Se suele escuchar cada vez más seguido, expresiones como: "vive cada día como si fuese el último de tu vida". Pero no todos parecen entender lo que se desea significar con este tipo de frases. Según lo que interpretemos, podremos arribar a mensajes contradictorios.

Si entendemos que lo que se nos quiere insinuar es que vivamos atemorizados, presionados por un tiempo sin tiempo, realizando a gran velocidad todo lo que podamos, porque nuestra estadía terrenal se puede acabar en cualquier momento y no podremos nunca saber cuándo, el mensaje nos ha llegado equivocado. Una persona podría vivir desde los veinte años y hasta cumplir los noventa, autotorturándose con la posibilidad de un abrupto final. Resultaría en un castigo que el individuo se inflige a sí mismo durante setenta años. ¿No es demasiado tiempo para vivir pensando que está por llegar nuestro final? La idea a transmitir es otra.

El hecho descripto en sí, es el mismo: toda persona que está viva, por estarlo, se expone a la posibilidad de morir, situación que puede sobrevenir en cualquier instante de nuestras vidas y sin que nosotros lo sepamos.

Pero el conocimiento de esta realidad puede ser aprovechada de maneras diferentes. Podría servir para explicarnos que el pasado no existe pues ha transcurrido ya y el futuro es incierto debido a nuestra premisa anterior. Por este motivo es que lo único que existe es nuestro presente, que hace que cada segundo de nuestras vidas sea único; lo pasado ya pasó y lo que vendrá no lo sabemos. Si esta situación la aprendemos a vivir como un regalo que obtenemos a cada momento construyendo el camino a medida que lo transitamos, podremos disfrutar al máximo de cada instante, sabiendo que son las propias fuerzas de la Naturaleza que nos entregan este mágico acontecimiento de colocarnos aquí y ahora, temporalmente y sabiendo que el destino que nos cobijará eternamente es otro. Esto es para todos igual. Siempre ha sido así y siempre lo será. Entonces descubrimos que experimentamos el Milagro de la Vida.

¿Qué temor podremos sentir entonces, que no sea producto del sentimiento de arraigo a la vida, creado por nuestra propia mente? Los animales no sufren este dilema. Ellos padecen el temor real frente al hecho inminente en caso de peligro. Este sentimiento les ayudará a intentar conservarla. Si la muerte les acechara en condiciones naturales, manifestadas por alguna enfermedad irreversible o la culminación natural del ciclo de vida, incluso en oportunidad de sufrir accidentes fatales, nunca los veremos atemorizados. Sus instintos les permitirá saber en qué momento deben partir y lo harán sabiendo aceptar su destino. A veces parecieran ser sabios por carecer de inteligencia.

"Vive cada segundo de tu vida como si fuese el último", es una conocida frase que alude a disfrutar intensamente de este regalo que es la vida, sin ataduras a los objetos y situaciones terrenales, cuando ni siquiera nuestro cuerpo físico nos llevaremos una vez transcurrida la travesía. Malgastamos los minutos, las horas, los días; desperdiciamos los años merced a un proceso que nos nubla la vista mental e impide que nuestro espíritu experimente con satisfacción lo efímero de nuestra historia aquí

Gracias, Rudy Spillman extraido del libro Mis Filosofias.

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